Un mito que se derrumba

“Sobre el poder de los medios y los mitos que se crean”

Siempre discutimos cuál es el rol de los medios de comunicación, su construcción de poder y cómo pueden enfrentar los gobiernos, los cuales deberían ser el poder real. Esa discusión trasciende los espacios de debates profesionales y las aulas para darse ya en las calles y hasta en algunas mesas o café.

Hasta hace no mucho tiempo el poder era del Estado, no había discusión, pero con la incorporación de tecnologías y la creación de monopolios los medios fueron cobrando fuerza. Lograron una gran influencia en la sociedad y los estados, pero es un camino muy largo llegar de ese punto al PODER REAL del Estado. Y voy a explicar porque.

La teoría empieza a caerse a pedazos cuando encontramos Presidentes o Gobernantes que han tenido más influencias que los medios más importantes. Néstor Kirchner o el Kirchnerismo en su época de esplendor, Hugo Chávez, Lula e incluso Evo Morales. Cada uno con diferentes gobiernos y maniobras han podido manipular la agenda social de acuerdo a sus objetivos y sus gustos, ganaron la disputa con los medios en sus mejores momentos, pero también a su vez la perdieron, cuando ya no fueron tan infalibles. Ya solo con estos casos demuestra que el mito sobre el “poder real” es solo una construcción de idea y su aplicación a la realidad que logra, si lo pensamos bien, derribar el mismo mito que está creando.

El punto imprescindible que ataca esta teoría, que tanto defienden y repiten desde el corazón del estado, pasa por su propia experiencia, la de los grupos políticos gobernantes, sus propias gestiones. NO HAY PODER REAL FUERA DEL ESTADO, por más que se quiera dominar el mensaje político, influenciar una situación social por medio del mensaje como son los casos de CLARÍN y NACIÓN, O Globo, El Comercio, Mercurio, entre otros de Sudamérica, no hay forma de hacerlo frente a un gobierno eficiente. En Sudamérica las sociedades se han vuelto muy maduras con respecto a los medios de comunicación, la información que consumen y las decisiones que toman, como también lo han hecho en la economía familiar, en ambos casos por las crisis periódicas que sufren sus países.

Cuando los gobiernos de los países son eficientes y mantienen una buena performance y comunicación para con el pueblo que los eligió, es imposible hablar de un “PODER REAL” que no sea el del Estado. Los ciudadanos que han madurado no quieren que los manden, que los vigilen ni que decidan por ellos, quieren que los eduquen, que les cuenten y den buenas experiencias.

Es ahí donde el mito no existe o cambia de paradigma; con un pueblo que es capaz de comprender por sí mismo. La discusión pasa ya por el mercado dentro de la comunicación, y eso es, el “Mercado de la opinión popular”. Ahí radica el eje que nos definirá las estrategias a tomar, a entender y poder canalizar. No es un poder que tienen unos u otros.

Claro que los medios son un factor de poder, pero no son “EL PODER REAL”. Son un factor entre tantos otros que le sirve a los diferentes grupos que construyen ideas para aplicar a la realidad y así llegar al poder.

El PODER REAL está en las personas, y lo que existe es la capacidad de los diferentes medios o grupos políticos de conectarse con ellas, narrarle historias reales, factibles y concretas que puedan dar experiencias. El famoso RELATO del Kirchnerismo fue una clara experiencia que fundamenta este punto de vista. El RELATO (una historia narrada por el Kirchnerismo que llegó a los ciudadanos y los influyó) funcionó mientras el gobierno tuvo una buena performance económica, pero cuando no fue así comenzó a romperse. El poder de los medios solo cobró importancia cuando esta performance se iba desestabilizando sola por propia inoperancia del gobierno de turno.

La idea de que los medios eran los que ganaban elecciones y construían candidatos se derribaron cuando aparecieron líderes que hablaban el lenguaje del pueblo, en la forma que este se expresa, se comunica, como Obama, Mujica o Chávez. En los inicios del gobierno Radical del 83´, Alfonsín también lo había logrado.

Es por eso que la comunicación es “contar historias”, narrar hechos y sucesos de ciudadanos para ciudadanos, antes que buena propaganda y publicidad.